La expiación: ofrecer con amor lo que ya forma parte de la vida

La espiritualidad madura no presume sacrificios; los ofrece en silencio.

La idea central

En la vida cristiana, amar cuesta. Y ese costo puede volverse ofrenda. La expiación significa ofrecer a Dios, con paz y humildad, las pequeñas y grandes cruces de la vida, uniendo el esfuerzo y la renuncia a una intención de reparación, intercesión y entrega.

Lo que no es

La expiación no busca el sufrimiento por sí mismo ni se vive con rigidez o extremismos. Nunca debe dañar la salud ni la vida familiar. Su valor está en el amor con que se ofrece, no en la dureza de lo que se hace.

Ayuno y vigilia, con prudencia

El ayuno, vivido con prudencia, es una escuela de libertad: ayuda a ordenar los deseos y a recordar que el corazón se sostiene de Dios. La vigilia, como tiempo especial de oración, intensifica la intercesión por la Iglesia, las familias y los que sufren. Quien no puede ayunar por salud o circunstancias siempre puede ofrecer otra forma de renuncia.

Para ofrecer hoy

  • La paciencia en una conversación difícil.
  • El trabajo bien hecho, aunque nadie lo vea.
  • Un rato de silencio en lugar de la distracción.
  • Un servicio concreto a alguien de tu casa.
  • El cansancio del día, entregado en la oración de la noche.

Aprende a vivirlo en comunidad

En un cenáculo la oración y el ofrecimiento se sostienen con otros.